7 Cosas a las que he renunciado

Elegir. Cambiar.

Son dos palabras que nadie se toma a la ligera. Palabras que significan acción, cambio, nueva era, algo diferente, y no todo el mundo se siente cómodo con ello. Hay personas que odian la rutina y hay otras que la aman y se sienten seguras cuando saben que lo que ocurrirá en su día será igual que lo que ocurrió ayer.

Sin embargo, llega un momento en el que tenemos que decidir qué es más importante, si la comodidad y la rutina, o el progreso. Después de todo, la vida es precisamente eso: elecciones tomadas en nuestro día a día que nos llevan por un camino específico, y este camino puede ser el que queremos, o el que nos ha caído encima.

Para mí, hubo ciertas cosas a las que tuve que renunciar en cierto momento, para poder seguir adelante. Estas cosas eran, digamos, vicios, costumbres, hábitos, como queráis llamarlo. Son cosas que hacía casi a diario, cosas que me resultaban cómodas, agradables, y que jamás me planteé cambiar, simplemente porque las llevaba haciendo tanto tiempo que las consideraba parte de mí. Pero como he dicho, llega un momento en el que tenemos que elegir entre la comodidad y el placer momentáneo e inmediato, y la incomodidad y el progreso a largo plazo.

Estas son las cosas a las que renuncié y que me hicieron crecer hasta hoy:

1. Acostarme tarde y levantarme tarde

A todos nos gusta quedarnos viendo Netflix en bucle hasta las tantas, para después despertarnos a las 8 o las 12 después de haber dormido 8 horas. Perfecto. Pero llegó un momento en el que me di cuenta que realmente no estaba aprovechando el día. Al fin y al cabo, por las noches cuando me quedaba despierta hasta tarde, tampoco es que hiciera nada especialmente productivo, por lo que decidí hacer honor a nuestro ritmo circadiano y empezar a levantarme temprano, creando una rutina. Descubrí el placer del silencio, de saber que el resto del mundo sigue dormido, la paz y el aire fresco, pero sobre todo, descubrí que soy muchísimo más productiva a esas horas. Además, sentir que ya he hecho tantas cosas para cuando son las 8, me hace sentirme eficiente y capaz de conseguir cualquier cosa el resto del día.

2. Hablar de forma negativa sobre mí misma

A veces las palabras nos salen casi sin querer. En cierto momento fui consciente de que casi sin darme cuenta hacía comentarios negativos sobre mí misma, medio en broma, y sin ser consciente de que estos pensamientos, afectaban a mi visión de mí misma. “Qué torpe soy” o “qué tonta he sido”. Pero lo peor eran los comentarios que menospreciaban mis propios logros cada vez que hablaba con alguien, para no hacer sentir “de menos” a esa persona. No tenemos por qué hacer esto, tenemos el derecho de estar orgullosos se nuestros logros y de hablar sobre lo bien que nos hacen sentir! Si alguien se siente mal por ello, es su problema y solo ellos pueden enfrentarse a la razón por la que los logros de otros les hacen sentir mal o de menos. No se trata de “fardar”, sino de ser capaces de admitir sin verguenza que somos personas brillantes, sabiendo al mismo tiempo que no somos ni más ni menos que nadie por serlo.

3. Ver la televisión y mi adicción a (videos tontos de) YouTube

Por supuesto que veo películas y series de vez en cuando, podemos aprender mucho de estas fuentes, pero hablo más bien del típico entretenimiento “inútil”. Antes, podía pasarme horas viendo videos aleatorios en YouTube sobre celebrities, o programas sobre adolescentes que trataban mal a sus padres (las versiones británicas en su día), magazines o similares. Llegó un momento en el que me di cuenta de que este contenido no me aportaba absolutamente nada, y decidí limitar mi consumo de entretenimiento. Todo ese tiempo lo podemos utilizar en algo más productivo, como leer, ver películas de calidad, hablar con nuestra pareja, jugar con nuestras mascotas, cocinar, etc. Algún “pecado” de vez en cuando no es el fin del mundo, pero ver la televisión “por verla” o para distraernos, es una pérdida de tiempo. Y los videos de caídas tontas, por muy graciosos que nos parezcan, son inútiles.

4. Fumar

Sí, muchas no sabéis que yo en su día fui una fumadora empedernida. No estoy orgullosa de ello, pero reconozco que dejar de fumar fue una de las cosas que más poder me hizo sentir. Lo hice de golpe, aprovechando que tenía un resfriado decidí no fumar durante unos días y los días se convirtieron en semanas y meses y años. Hoy es el día en el que pensar en volver a fumarme un cigarro me provoca ganas de vomitar. A veces los seres humanos hacemos cosas que no tienen sentido, porque jamás se nos ocurriría beber lejía, moriríamos al instante. Sin embargo, como los efectos del tabaco suelen notarse a largo plazo, fumamos tranquilos pensando que “a nosotros no nos va a pasar”. Mi madre falleció de cáncer de pulmón el año pasado, y os aseguro que la forma en la que esta enfermedad destroza las vidas de la persona que fuma y la de todo su entorno, no es ninguna broma.

5. Los refrescos

Me encantaba la Coca-Cola Zero, era mi vicio y podía beber dos o tres vasos al día sin dificultad. Sin embargo, me di cuenta de que el hecho de que un producto afirme que tiene “cero calorías”, no quiere decir que no lleve otras cosas mucho peores. Los edulcorantes sintéticos pueden estar relacionados o no con el cáncer, en este tema cada uno puede hacer su propio trabajo de investigación, pero yo personalmente prefiero tomar edulcorantes naturales que mi cuerpo está hecho para digerir, prefiero prevenir que curar. Por otra parte, los refrescos azucarados como la Coca Cola, la Fanta o similares, contienen una media de 6 o 7 cucharadas de azúcar por lata. El azúcar refinado (sobre todo en estas cantidades) es una de las mayores causas de obesidad y se ha relacionado con numerosos problemas de salud. Desde que dejé esta adicción siento que soy capaz de mantener mi peso ideal y que tengo menos hambre entre comidas, por no hablar de lo tranquila que me siento.

6. El pan blanco

Sobre todo el de molde que no tiene más que harinas refinadas y conservantes. El pan blanco no es que sea “malo” de por sí, pero es un carbohidrato simple que viene de una harina extremadamente refinada. Esto lo hace un alimento con un alto índice glicémico, que es una medición que nos dice la rapidez y la intensidad con la que este producto afecta nuestro azúcar en sangre y los niveles de insulina, comparado con glucosa pura. El pan blanco al tener un índice basante alto, causa un subidón de azúcar y de insulina enormes, lo cual aumenta nuestra probabilidad de ganar peso, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular, según la Harvard School of Public Health y la WHO.

7. La envidia

La envidia que no es sana, al menos. La envidia insana es algo que nos corroe y nos destroza por dentro, y nos hace querer hacer de menos a otras personas para sentirnos iguales a ellas. Una de las mejores cosas que podemos hacer es primero, dejar de compararnos con los demás, somos perfectas tal y como somos y debemos mejorar por nosotras mismas, no por los demás. Una vez tenemos esto claro, aceptar esos sentimientos de envidia y escucharlos es vital. La envidia nos dice mucho de nosotras mismas, nos dice lo que ansiamos, lo que queremos y no tenemos. Está en nuestras manos utilizar ese sentimiento como inspiración o como rabia y sentimiento de inferioridad. Mucha gente critica a otras personas por envidia, como he dicho, por ese sentimiento de “justicia” o de igualdad; por ejemplo frases como “ha conseguido muchas cosas pero porque sus padres tienen dinero”, “es muy guapa pero no tiene mucho talento”, o querer sacarle punta y defectos a todo lo que otra persona hace, es la forma perfecta de intoxicarnos de rabia y de convertirnos en unas personas amargadas. Convertir la envidia en inspiración y cambiar las críticas por palabras de ánimo (sobre todo con otras mujeres), cambío mi vida.

Para mí, el progreso es vital. Jamás podría volver a conformarme con lo que soy ahora mismo, siempre quiero seguir aprendiendo y progresando, sabiendo al mismo tiempo que soy suficiente, y soy perfecta en este mismo momento. La decisión está en nuestras manos, pero como siempre digo, no podemos seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes.

En cada momento tenemos la oportunidad de elegir ser la persona que queremos ser y contribuir a nuestra miseria o a nuestra felicidad. Los cambios insignificantes llevados a cabo cada día, marcan una diferencia enorme a largo plazo, por lo que siempre es el día perfecto para realizar ese cambio que sabemos que debemos dar.

Y tú, ¿qué cosas has dejado de hacer que han contribuido a hacerte una persona un poco mejor día a día?

Namasté 🙂

2 comentarios en “7 Cosas a las que he renunciado

  1. Hola guapa!!! Pues yo intento valorar la vida cada dia y ver todo lo positivo q tengo, evitando centrarme en las cosas negativas. No van a ser 3 cosas malas q tengo en mi vida las q van a amargarme todo lo bueno q tengo, q es la mayoria. Tambien he aprendido a irme separando de las personas toxicas q me hacian mas mal q bien. Y por ultimo, a ser menos materialista e intentar vivir una vida sencilla y sana, valorando sobre todo pasar buenos momentos con personas q me importan y a las q quiero y compartiendo mi tiempo solo con los q lo merecen.
    Gracias y un besito.

    1. Exacto! El tiempo hay que aprovecharlo con gente que merece la pena, es demasiado valioso como para malgastarlo con aquellos que restan calidad a nuestra vida. Un besazo y enhorabuena por tu camino bonica <3

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