DE 100 PARES DE ZAPATOS A UN CEPILLO DE BAMBÚ

 

“¿Es que ya no usas maquillaje? ¿Cómo puedes haber pasado de tener tanta ropa a esto? ¿Es que ya no te gusta la moda? Antes bien que comprabas bolsos…”

Si me dieran un euro cada vez que alguien me pregunta esto, la verdad es que os estaría escribiendo desde una hamaca en las Bahamas, mientras remuevo el agua de mi coco fresco con una pajita (metálica, of course) y me hacen la manicura.

Aún a día de hoy me sorprende que a la gente le sorprenda (valga la redundancia) que la otras personas cambien. ¿Acaso lo normal es ser siempre la misma persona? Es decir, ¿es lo habitual no progresar, avanzar o mejorarse a uno mismo? Si ese es el caso, me alegro de no formar parte de esa gente que entra dentro de lo habitual. No me malinterpretéis, no tengo nada en contra de la gente que ama la rutina, la estabilidad, el quedarse quieto. Pero yo no soy una de esas personas y me gusta hablar de mi cambio porque sé que hay mucha gente que quizás quiera hacer lo mismo.

Si me preguntan la razón por la que di este cambio, la verdad es que no sé qué contestar. Hace unos días en una charla que di en Barcelona, hablé sobre cómo los fallecimientos de mi abuelo y mi madre desencadenaron una serie de cambios personales que ni yo misma me imaginaría. Normalmente suelen ser las crisis de este tipo las que nos llevan a dar giros tan radicales en nuestra vida, y en cierto modo, estoy agradecida.

La cuestión es, que todo lo que he hecho, conseguido y cambiado en los últimos años, es fruto del aprendizaje y el desarrollo. Todo está relacionado: la enfermedad, comer bien, ser compasivo, ser sostenible, tener una profesión que te llene… todo ello es el resultado de su “fase” anterior. Es NORMAL cambiar, es NECESARIO cambiar, es VITAL cambiar, sobre todo de forma personal. De hecho, una de las claves del budismo es esa: aceptar que nada es estático, todo está cambiando en todo momento. Y es así. Porque os puedo confirmar que personalmente, el 99% de las cosas que realmente me importan, las he conseguido saltando esa valla imaginaria que muchas veces nos ponemos.

Y es cierto que cambiar da miedo. Al fin y al cabo, el miedo a lo desconocido es una de las pestes más potentes que existen hoy en día. Una peste que nos priva de nuestros sueños, nuestro desarrollo, y en definitiva, nuestra felicidad. ¿Quién no ha escuchado esa frase que dice que “la felicidad se encuentra al otro lado de nuestra zona de confort”?. Y bueno, quizás este desarrollo enfade o al menos, casi ofenda, a ciertas personas que están en nuestras vidas, pero esta reacción defensiva dice más de los que reaccionan así que de los que cambian. Después de todo, cuando tú evolucionas, lo que ellos escuchan es esto:

“Te dejo atrás, yo estoy avanzando y tú no. Lo siento, pero ya no me interesa estar en el mismo lugar que tú. Quiero ser mejor, ir más allá”.

Auch.

Y la verdad es que hay ciertas relaciones que no sobreviven a nuestros cambios personales, pero siempre he pensado que esto es un proceso natural. Tú debes vivir tu vida y cambiar como veas necesario, y las personas que ya no encajen en tu nueva forma de vida, irán desapareciendo de forma natural. Son como las hojas que caen del árbol, que en la nueva estación vuelven a salir con un nuevo color que le pertenece.

Me hace mucha gracia cuando la gente me dice: “Cómo has cambiado”. ¿Por qué? Pues porque yo realmente lo veo como algo normal, algo natural, algo obvio. Lo “raro” sería vivir de una forma lineal, no aprender nada y quedarnos donde estamos para siempre. ¿Qué sentido tiene la vida entonces? Y además, ¿tan difícil es creer, que una persona simplemente se ha dado cuenta de que antes tenía DEMASIADO y que ha decidido vivir de una forma más simple y sostenible? ¿Que alguien se haya mentalizado de que sus decisiones tienen muchísimas más implicaciones de las que pensaba?

Antes utilizaba productos de belleza sin ton ni son, y la mayoría de ellos ni siquiera los necesitaba; simplemente acumulaba por acumular, o por tener la última novedad de Charlotte Tilbury, o por probar esa brocha nueva para una tarea ridículamente específica. Pero en realidad, todo esto se trata de algo muy simple: consumismo. Vivimos en una sociedad en la que importa más la cantidad que la calidad. En la que basamos nuestro “estatus” o valor en las COSAS (repito, COSAS) que poseemos. En la que parece que si no tenemos lo mismo que los demás, somos menos. En la que llenamos vacíos emocionales con objetos inanimados que después del excitamiento inicial, caerán en nuestra cajonera Alex hasta que estén ya totalmente caducados.

Cuando miro atrás, no siento arrepentimiento. Siempre lo hice intentando formar parte de una ola de consumismo y COSISMO que siempre será parte de mi vida. Pero sí que pienso en todo lo que antes tenía y digo: vaya gasto más inútil de dinero, tiempo y espacio. Más allá de un techo, comida, y las necesidades básicas, todo lo demás son COSAS. Y ojo, que a mí también me gusta tener 10 tipos diferentes de tés para cada ocasión, y un par de coloretes diferentes, pero cuando pasamos la linea y llegamos a tener incluso zapatos o maquillaje que hemos utilizado UNA sola vez (o ninguna)… ahí es cuando te das cuenta de que hay un problema.

Mi vida es mucho más libre, sencilla y tranquila ahora. Aprovechando la mudanza a Barcelona me deshice de 3/4 de mi maquillaje y mi ropa. Ahora utilizo lo mismo cada día. Me hace sentir que he invertido bien el dinero, tengo una relación “especial” con cada una de mis posesiones y las utilizo sin parar, una y otra vez. Me he pasado todo el invierno con un mismo abrigo, el mismo colorete, el mismo jabón, y repito ropa varias veces a la semana, y ¿sabéis qué?

Nadie ha muerto.

Mi armario es una delicia donde encuentro todo a la primera, mi maquillaje consta de las mismas piezas que cada día me aplico con una rapidez increíble. Mis productos cosméticos son dos o tres, y todos tienen varias funciones. Viviendo con un sueco, os podéis imaginar que este estilo minimalista le parece genial. Además, tengo la suerte de que él es una persona que da CERO importancia a las cosas, las marcas, y el dinero. En cambio, le preocupan las personas, el medioambiente y hacer lo correcto. Me siento afortunada de poder compartir mi vida con alguien así, pero sobre todo, porque cada día me recuerda lo siguiente:

“El dinero no importa, pero si se tiene, hay que invertirlo en crear una vida y en experiencias, no en cosas”.

No sé ni cuántas veces me repitió esta frase cuando parecía que mi armario multiplicaba zapatos cada semana. Y me costó aceptar que era cierta, creedme. Pero el tiempo y las ganas de aprender (y que ya no doy demasiado poder a mi ego) me han hecho ver la vida de otra forma, y apreciar otras cosas. No os imagináis la de gente que me pregunta si ya no me interesa el maquillaje. ¡Claro que sí! Y también la moda, pero que me sigan interesando no quiere decir que tenga que tener 300 coloretes, 10 bases, 50 sombras y 40 labiales. O más de 100 pares de zapatos. Sí, 100. Hay que diferenciar entre el interés y la obsesión por acumular más y más.

Si alguna de mis palabras os ha hecho sentir una chispa, os animo a que os planteéis esto de vivir del modo minimalista/cero residuos. Os aseguro que vuestras vidas no perderán absolutamente nada, al contrario; ganaréis espacio, tiempo, claridad mental, tranquilidad y amor por lo que tenéis. No tengáis miedo de tirar, pues abandonar lo que ya no nos sirve es algo tan enriquecedor como liberador.

¿Vas a dejar que tus cosas te pertenezcan o vas a pertenecer a tus cosas?

Ahí está el truco.

Paz, amor y hummus,

Ally

7 comentarios en “DE 100 PARES DE ZAPATOS A UN CEPILLO DE BAMBÚ

  1. Hola Ally,

    siento lo de tu madre y tu abuelo, cuando alguien cercano y querido muere siempre es un momento duro. Espero que estés mejor y ahí va una reflexión de mi madre cuando se murió mi abuela, es decir, su madre: Es natural que los padres se mueran, lo que no es natural es que se mueran antes los hijos que los padres.

    Entiendo lo que dices de cómo reacciona la gente a los cambios relativamente radicales, ¡a mí me pasa lo mismo! Mi momento “esto ya no va conmigo, yo no necesito todo esto” fue intentando meter ropa nueva en el armario y viendo que no cabía un alfiler, aunque con el tiempo me he dado cuenta de que el desencadenante real fue una crisis de pareja que no supe reconocer como tal. Percibía que algo no iba bien en algún lado y no sé cómo acabé cayendo en el minimalismo, intentando disminuir así el estrés que sentía continuamente. De todas formas da igual cómo llegue ese “clic”, mientras llegue.
    A día de hoy sigo reduciendo mis posesiones, me he vuelto más ecológica, intento reducir mi basura al mismo tiempo que presto más atención a mi alimentación y al deporte. ¿Y qué dicen mi familia y amigos? “Te has pasado donando ropa, tendrías que irte de compras a ver si encuentras algo”, “Qué rara eres, ¿para qué te pides un té en vez de una coca cola o un vino?” o “come normal, que ya estás suficientemente delgada”. Lo más importante es ser fiel a uno mismo y, sinceramente, no creo que preocuparse por uno mismo y por el planeta esté de más. Yo sólo espero que estos movimientos vayan expandiéndose y que la gente medite más las decisiones que toman diariamente, que los consumidores tenemos un poder mucho mayor del que nos imaginamos.

  2. Los cambios son necesarios para todas las personas, y siempre pienso que también son buenos o, al menos es lo que yo pienso porque de cada experiencia, buena o mala, salgo enriquecida, aprendo algo. A veces me empiezo a ahogar y mi propio cuerpo me pide hacer cambios, aunque sea un simple corte de pelo o cambiarle de color. Hace un tiempo decidí no acumular más productos de maquillaje hasta que gaste todo lo que tengo, o sea, en el próximo milenio, y esta semana he visto que no tengo que comprar más calzado hasta que mi hija empiece a ponerse y destrozar todos los que tengo, incluso he tirado algunos que estaban para el arrastre pero me daba “pena” tirar!!!!!, ahora me voy a poner con la ropa, creo que necesitarè un contenedor. Yo tambièn tengo gente alrededor que mensice esas cosas tan bonitas que te dicen a tí, sobre todo porque nunca dejo de estudiar, tengo muchas inquietudes y hay gente que no entiende que eso me enriquece, como tampoco entienden que dejase un trabajo que, aunque me encantaba, me estaba intoxicando por el mal ambiente que existía y generaba una sola persona, y lo cambiase por otro que me generaba menos ingresos pero màs tranquilidad. Tenemos que perseguir lo que nos sume, no lo que nos reste, aunque hay gente que nos mire raro

  3. Me encantado el párrafo en el que hablas de lo que te ha aportado tu compañero de vida. Encontrar a personas con valores o simplemente tener la cabeza bien amueblada es un lujo.

    Creo que todas hemos tenido etapas tremendamente consumistas, importante reconocerlas e intentar ser más coherentes con nuestras necesidades reales.

  4. Reconozco que soy una de esas a las que le sorprendió tu cambio.
    Te conocí cuando vivía en Londres y tu también estabas allí con tu anterior vida y trabajo y, lo reconozco también, me parecías una consumista (en relación conmigo) pero lo entendía porque, bueno, te dedicabas al mundo de la moda e imagino que tu nivel de vida era mayor que el mío, pero me caías bien (no juzgo a la gente por este tipo de cosas, cada uno puede hacer lo que quiera con su vida) independientemente de eso. Y es verdad que me sorprendió este cambio tan radical que abrazas desde hace no tanto. A mí personalmente me gusta más este estilo de vida que el otro, aunque no soy quien para opinar sobre esto.

    Yo no he sido nunca tan consumista (aunque el año pasado tuve una “crisis” que me hizo consumir demasiado), quizá por la fuerza (falta de recursos), quizás porque en el fondo de mi alma soy muy de pensar las cosas antes de comprar por comprar (porque lo cierto es que, cuando he comprado algo que no he usado tanto como pensaba, lo único que me ha ocurrido es que me he sentido mal después). Así que mi funcionamiento es pensarlo siempre antes de comprar algo y me digo a mí misma: ¿Realmente lo necesitas? No. ¿Cambiará en algo tu vida? No. ¿Es útil para algo? No. Al final, lo mejor es ser lo más honesta con una misma posible.

    Como bien dices, vivimos en una sociedad hiper consumista, pero con un pequeño esfuerzo y reeducación, se consigue tener menos x más.
    Me alegra que tu estés en este punto.

    Un besico

    1. Hola guapa. Ninguna persona es mejor ni peor por su estilo de vida, ni nos tiene que gustar más o menos, simplemente la gente pasa por diferentes fases y momentos (por eso siempre intento hablar de alimentación desde un punto de vista educativo más que “de imponer”. Quizás a mi parecer, un estilo de vida vegano pero que consume ropa y maquilaje etc consume menos recursos que una persona no vegana que no consume tanta ropa y maquillaje. Me refiero, que siempre hay perspectivas diferentes de lo que es el consumismo, y quizás quedarnos en lo “superficial” no es suficiente 🙂 Me refiero a que, sí, vivimos en una sociedad consumista desde un punto de vista de COSAS, pero también de recursos, aunque la gente ve peor una persona que se compra 50 pares de zapatos que una que consume 100 litros de leche al anyo, porque está aceptado. Lo que quiero decir es que lo importante es mejorar, y aceptar que siempre estamos aprendiendo. No me arrepiento de haber consumido mucho, en aquel entonces era lo que me apetecía y tampoco lo pensaba mucho, y así era feliz. Ahora simplemente me hacen feliz otras cosas, y esto no me hace mejor o peor persona que ayer ni que nadie. Un besazo y gracias siempre por tus reflexiones bonica <3

  5. Me a encantado el post!! Recíen te eh descubierto por el video que hiciste junto a Aishawari, y me esta gustando mucho tu contenido!!
    Yo hace algunos años cambie mi estilo de vida, y lo mas duro para mí fue tener que dejar a personas muy cercanas, que simplemente ya no sentía una conexión con ellas como la hubo en algún momento, fue dificil y con mucha resistencia por parte de una amiga en concreto, pero yo tenía claro que era hora de avanzar y que esa persona ya solo me aportaba cosas muy negativas, a mediados del año pasado le dije adiós y a día de hoy no me arrepiento para nada, cosas hermosas llegaron a mi vida. Así que creo que las personas van rotando en nuestras vidas conforme cambiamos el rumbo de las cosas y es el ciclo natural de la vida!!

    Saludos desde México!!

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