Todo el mundo miente (y nosotros nos lo creemos)

No tengo la vida perfecta, ni soy perfecta. 

Tengo cosas que me he ganado con mi duro trabajo y tengo una vida sencilla que me encanta y de la que disfruto cada día, ni más ni menos. No quiero dar a entender que mi vida es perfecta ni que yo lo soy, simplemente hago lo mejor que puedo en todo momento y me gusta mostrar las partes de mi vida de las que estoy orgullosa y que creo que pueden inspirar a otras personas. Eso no quiere decir que mi vida sea SIEMPRE así o que crea que la forma en la que yo hago las cosas sea la única que es correcta.

Supongo que a estas alturas, gracias a las redes sociales, ya hemos aceptado que lo normal es levantarse con el pelo de modelo de Victoria’s Secret, tener bolsos de marca, tomar desayunos de colores perfectamente coordinados, irse de vacaciones cada semana y vivir una vida perfecta en todos los sentidos. Por eso, ahora parece que exigimos a todo el mundo que se expone en redes sociales a ser perfecto en todo momento. Y la vida no es así.

Una cosa es que se muestre la mejor parte de nuestra vida, y es que, a quién le interesa que contemos nuestras penas o nuestros pensamientos negativos como si se tratara de una telenovela venezolana. A nadie. Yo personalmente, intento mostrar la parte positiva de mi vida, las cosas que consigo y de las que estoy orgullosa y mi cara más alegre. Quiere decir esto que mi vida es perfecta, que SIEMPRE hago lo correcto, que nunca me equivoco y que SIEMPRE estoy de buen humor?

No. Ni mucho menos.

Soy humana, y no soy perfecta. Pero creo firmemente que los momentos negativos son algo muy íntimo y están para compartirlos con tu círculo más cercano y de forma constructiva. No creando un drama o victimismo en redes sociales. Mostrar tu lado más vulnerable en redes sociales es algo muy bonito, te hace más cercana a la gente que sigues y te sigue, pero de ahí a contar tus penas a los cuatro vientos hay un gran trecho. Y mucha gente te dice: “hombre pero eso está bien para que la gente vea que a veces cometes errores y no eres perfecta”. Y lo que yo siempre contesto es: “en serio alguien cree que soy perfecta y que mi vida es un camino de rosas en todo momento?”.

Supongo que es lo que tienen las redes sociales. Cada día vemos en nuestro feed una infinidad de personas que se van de vacaciones 20 veces al mes, que tienen el pelo perfecto, el novio perfecto, se hacen las fotos perfectas posando con morritos y tienen un armario únicamente para zapatos y bolsos de marca.

Y lo peor de todo es que hemos acabado creyendo que eso es lo normal y que nuestra vida es mediocre si no tenemos todo eso que vemos. Parece que algo nos falta y que somos menos que los demás por no tener tal bolso o tales vacaciones, o por levantarnos hechas un cuadro o tomar desayunos que parecen hechos por un niño de cinco años. Increíble que hayamos llegado a un punto en el que pensamos que la perfección es LA NORMA GENERAL, cuando en realidad es la excepción. Pero es lo que tiene vivir en una sociedad en la que nuestro estatus lo definen las cosas que tenemos. Y así, poco a poco, es como hemos creado este mundo en el que nuestra mayor aspiración es tener una casa (cuanto más grande mejor), decorarla al estilo Pinterest, comprarnos un coche redondito y mono que cuesta cuatro sueldos, y tener un walk in closet a lo Sexo en Nueva York lleno de cosas de marca, que más tarde llevaremos puestas en nuestra foto en la infinity pool del hotel de 5* de Los Ángeles. 

Tu vida no es una mi***a porque no tengas esas cosas. Tu vida puede ser fantástica sin tenerlas, y una basura con ellas. La felicidad no está en Instagram ni en Pinterest; la felicidad está en nuestra cabeza.

Cuando yo hablo del consumismo, no me refiero a que tengamos que vivir aislados de la sociedad sin comprar absolutamente nada. El problema es el consumismo EXCESIVO, en comprar y desear cosas innecesarias, por el simple hecho de que pensamos que es lo que tenemos que tener para llevar lo que la sociedad considera una vida “con éxito”, una vida plena. Y no es así. Hay MUCHO, pero mucho más en la vida que trabajar y ganar dinero para comprar cosas. Y tampoco se trata de ir al otro extremo y vivir sin comprar nada más que boniatos y aguacates. Lo digo porque que últimamente he leído algún que otro comentario criticando cada vez que compro algo que no es comida, solo porque dije que estaba intentando minimizar la barbaridad de cosas que compraba antes y la basura que producimos en casa. Se trata simplemente de pensar en lo que estamos haciendo y comprando, en lugar de consumir sin cabeza.

Hoy en día nuestra idea de una persona con éxito es la de una persona que gana mucho dinero y puede comprarse lo que le dé la gana (casa, coche, ropa, tecnología, vacaciones, etc), y me parece absolutamente triste. Decimos cosas como “esa es la sociedad en la que vivimos”, pero muchas veces no nos damos cuenta de que de hecho, teniendo esos pensamientos y admirando a la gente simplemente porque tienen COSAS, estamos formando parte de esa sociedad que tanto criticamos. Si nos fijamos bien en la información que consumimos nos daremos cuenta de que de hecho, somos parte del problema.

Dejemos de vivir en un mundo surrealista en el que lo normal es tener una vida perfecta y el éxito lo definen nuestro físico y las cosas que tenemos. Lo que ves en redes sociales NO ES LO NORMAL, sino más bien la excepción, y dentro de la excepción, únicamente la parte de su vida que esa persona elige que veas.

Define tú mismo lo que para ti significa realmente la felicidad, y siempre serás libre y feliz.

Namasté x

Ally

2 comentarios en “Todo el mundo miente (y nosotros nos lo creemos)

  1. Pues Amén a todo. Aunque eso ha existido y existirá siempre, pero, desde que existen las redes sociales, se ha llevado a extremos insospechables. Besos

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